El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Aquel tiempo de Héctor Bonilla

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El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Por Alexandro Guerrero

RegeneraciónMx, 29 de Noviembre de 2022.- ¡Sigan votando por el PRI, pendejos!, sonó desde el piso de arriba de aquél Cine México en el que desembocaba la Avenida Álvaro Obregón en la Colonia Roma, año 1989, hoy edificio réplica. Ese grito apareció de entre las butacas  tras el último disparo de una serie que aniquilaba a la familia del departamento en el edificio Chihuahua unidad Tlatelolco en la cinta Rojo amanecer dirigida por Jorge Fons, con guión de mi hermanito Xavier Robles (le conté esta anécdota como diez veces), ambos también recientemente ya en otro plano. Héctor Bonilla actuó y produjo Rojo amanecer en un tiempo donde estos temas se filmaban a escondidas del gobierno, sorteando la censura. No obstante ser un más que reconocido actor de televisión, se la jugó fuera de toda lógica del starsystem por lo que a la postre sigue siendo la película más importante sobre el movimiento estudiantil de 1968 en México.  Ese grito: ¡Sigan votando por el PRI, pendejos! me taladró la conciencia, a ese le siguieron un par de mentadas de madre en chiflidos también de gayola, algo profundo se manifestó en esa enorme sala, algo empezaba a moverse en el país de no pasa nada.

Se trataba del mismo actor que unos años antes, ahí sobre la cuerda floja, con un circo ficcionado en el escenario de un teatro, dirigido por Manolo Fábregas interpretara al empresario y artista del entretenimiento Phineas Taylor ‘Barnum’: Nace un tonto cada segundo. ¿Cómo olvidarlo? La vida con color y sin color. Y así, entre los años los recuerdos como gozoso espectador. Ese mismo actor en la película con la tonada pegajosa cantada por Angélica María: “Yo amo, tú amas, nosotros nos amamos juntos vamos…” La escena de Bonilla resfriado, todo por canal 2, sábado por la noche a mediados de la década de los ochentas presentada por el locutor de entonces Genaro Moreno.

El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Héctor Bonilla, Gallimard, inicios de los noventas de nuevo. Un trágico personaje de la posguerra en  Señor Butterfly con temporada en el aquel Teatro Silvia Pinal ex Cine Estadio, hoy Iglesia Pare de sufrir en la calle de Coahuila y Yucatán. Una ovación inmensa la que Humberto Zurita y Bonilla desataban, fuera de serie lo que hacían dirigidos por el Maestro José Luis Ibáñez que también partió hace un par de años, mi maestro y el de tantas generaciones. Como su alumno en la Facultad de Filosofía y Letras le describí obsesivo completas escenas de aquella obra (con énfasis en el hara-kiri final de Bonilla) y él me decía: ¿Te das cuenta lo que pueden generar en el alma de las personas los buenos actores? Héctor Bonilla asistiría puntual a un  homenaje al Maestro Ibáñez realizado el año 97, ahí mencionaron El vestidor y claro, yo la vi también de niño. Décadas después, Bonilla tomaría el personaje que entonces hiciera con él en el Insurgentes Ignacio López Tarso.  Y así muchos montajes, infinidad, escenas imborrables. Diálogos, gestos, un actor tremendamente poderoso. Siempre asombroso, siempre generoso en el espacio ritual.

El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

De voz y porte inolvidable hasta en la publicidad de la marca del murciélago de Ron, de su programa competencia de lanzamiento Valores juveniles o en su campaña ya más ligera de los cocktails de la misma firma.

Telenovelas si se puede hablar de una época de oro, también Héctor Bonilla. Recuerdo el final de Vanesa, Vanesa, Vanesa… con Lucía Méndez donde se diputaba el amor de la protagonista con Rogelio Guerra. Ella moría, recuerdo que la vi en la televisión blanco y negro de la casa de unos vecinos mientras los “grandes” de pronto se iban a asomar pues tenían fiesta afuera en el comedor. Vanesa moría, fue el final que le dieron los escritores por algún conflicto con la actriz pero fue muy original. “La casa al final de la calle”, de la televisión mexicana de lo más interesante, dirigida por Gonzalo Martínez y por supuesto: “La gloria y el infierno” del mismo director con Héctor Bonilla, Ofelia Medina y Fernando Balzaretti. Otro final con protagonistas muertos, un melodrama de época descarnado, terminaban los amantes agonizando apunto de tocarse sin cerrar los ojos, no era un final feliz. Había actores con mayúsculas a cuadro en la televisión comercial, no androides.

El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Hace más de una década tuve la oportunidad de trabajar con Héctor Bonilla estando al frente yo de una segunda unidad para la  producción de cierta televisora gringa, latina como les dicen. Un tipo amable, de tremenda humildad, cálido, que daba su confianza y la ponía en ti, un caballero. Fue una fortuna.

Vuelvo al título de esta columna tras haberle dado un último aplauso ante la inmensa fotografía que enmarcó su homenaje, hoy 28 de noviembre de 2022  en el Palacio de Bellas Artes. Tras abrazar a compañeras, compañeros, admirados, queridos, inimaginados. Un aplauso final a la urna con sus cenizas.

¡Shh! ¡Shh! ¡Butterfly!

Tantas veces de gritarle bravo, al lado como espectador de compañías entrañables y fundamentales en mi vida que tampoco están ya…  en la de muchos que le seguiremos admirando.  

El actor falleció el pasado viernes 25 de noviembre a causa de un cáncer que padeció desde años atrás. Este lunes, recibió un sentido homenaje en el Palacio de Bellas Artes.

Nítidamente recuerdo la escena final de Aquel tiempo de campeones, obra  dirigida por López Mirnau en el Teatro Julio Prieto a veces antes y a veces después Teatro Xola a inicios de los noventa. Héctor Bonilla el anciano coach del equipo de basketball que ganara una copa en la que terminaban vomitando ebrios aquellos que un día fueron juntos campeones. El coach les comunicaba que estaba muy enfermo, esa era la noche más dramática de todas las reuniones anuales que mantuvo en esa dramaturgia aquel grupo. Ya no habría otra, no otra igual: “Una sonrisita coach” le pedían, después un flash final.Un instante congelado de eternidad, lo efímero del teatro. ¿Cuántos no abrazamos al teatro por él?

                                                               OSCURO

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