George Harrison fue opacado por la dupla Lennon-McCartney y la mayor parte de su música es poco conocida más allá de Something y My sweet lord.

George Harrison | Cinco historias, cinco canciones

64

George Harrison fue opacado por la dupla Lennon-McCartney y la mayor parte de su música es poco conocida más allá de Something y My sweet lord.

Por Miguel Martín Felipe Valencia

Regeneración 4 de Diciembre de 2022.- El pasado 29 de noviembre de 2022 se cumplieron 21 años desde que George Harrison dejara este mundo material para pasar a un mundo de luz donde el espíritu alcanza la plenitud, libre de mentiras y otros vicios propios de esta existencia en la rueda del Samsara. Así lo creía él y así preferimos muchos pensar que sucedió.

George no fue el beatle más popular y lamentablemente sigue sin serlo. Históricamente fue opacado por la dupla Lennon-McCartney y la mayor parte de su música es poco conocida más allá de Something y My sweet lord. Vale la pena abundar en cinco piezas que pueden llevar de la mano a quienes no conozcan a fondo su obra para revalorarla y tal vez descubrir un nuevo sendero que mezcla espiritualidad, humor ácido y una forma de ver la vida que aporta una pausa en medio del caos.

George nunca se sintió cómodo con la fama, incluso tampoco con la música, pues hubo momentos en que ni siquiera quiso saber más que sobre la jardinería y la vida en familia. George Harrison es hombre trascendido y trascendente que se retiró de esta existencia satisfecho y en paz, dejando un invaluable legado estético que, aunque quedaron fuera algunas imprescindibles, he tratado de condensar en este pequeño viaje que para ustedes ahora comienza.

All things must pass

Los Beatles se juntaron en enero de 1969 en los estudios Twickenham de Londres para comenzar a filmar a regañadientes sus sesiones con miras a concretar Get back, el capricho de Paul que incluía documental, disco y concierto de regreso triunfal de la banda a los escenarios. Dicho proyecto estuvo marcado incluso por la momentánea salida de George de los Beatles, harto de los roces con McCartney. Más tarde se recuperaría el material y sería publicado como Let it be.

En esas primeras sesiones, George llegó con una pieza de buena calidad que previamente había grabado en demos caseros. Si bien la letra evoca el espíritu del hinduismo, en realidad, y según lo refiere en sus memorias, la fuente de inspiración fue la obra del poeta Timothy Leary. La canción fue ensayada por la banda y finalmente se desechó, aunque realmente le vino mejor salir como la pieza que en 1970 daría título al grandioso debut en solitario de George, donde se despachó con un disco triple.

All things must pass es una pieza melancólica que habla sobre la efimeridad, la finitud y la resignación. Contó con una producción que la convirtió en un himno grandilocuente gracias a su arreglo orquestal cortesía de Phil Spector, así como un sencillo pero efectivo rasgueo de guitarra acústica y una voz de Harrison libre de las restricciones que tenía en los Beatles.

You

Después del bombazo de All things must pass, la calidad en los álbumes de George fue bajando progresivamente, o al menos eso ha decretado la crítica especializada. Sin embargo, vale la pena asomarse a Extra Texture (Read all about it), de 1975, y extraer You, uno de los intentos mejor logrados de George por acercarse al soul. La letra es básica, pero a la vez intensa, al igual que el propio fraseo. El ritmo parece propio de cualquier apoteosis musical de una banda del sur de Estados Unidos, con un órgano presente en todo momento, la guitarra con un riff que marca el paso de forma ascendente, y un frenético solo de saxofón que termina por sumirnos en esa efímera y placentera realidad de menos de cuatro minutos de duración.

Si este hubiese sido el tono del resto del álbum, tal vez estaríamos ante un lugar de pidio dentro de los rankings más exigentes. Lamentablemente, You es una explosión multicolor en medio de un desierto yermo y casi monocromático, por lo que esta es la única pieza que le hace honor al nombre del disco.

Dark sweet lady

Aunque los Beatles estaban disueltos, los primeros discos de George Harrison salieron bajo el sello de Apple Records. Sin embargo, una de sus múltiples aventuras fue fundar su propio sello en 1974, al que llamó Dark Horse Records. Se estableció una oficina en Los Ángeles, donde como enlace del área de marketing fue contratada Olivia Trinidad Arias, una sencilla chica estadounidense de raíces mexicanas, quien se fue volviendo poco a poco más cercana a George a través de llamadas telefónicas gracias a que tenían en común cuestiones como practicar el vegetarianismo y la meditación. La relación fue madurando y en 1978 se casaron.

Para 1979, George publicó un álbum cuyo título era su propio nombre: George Harrison. Es ahí donde se incluye esta pieza de tierna cadencia dominada por una atmósfera impuesta por el órgano, los arpegios de guitarra acústica y el guiño mexicano de la marimba.

La letra es una bella carta de amor a quien sería desde entonces su compañera de vida hasta sus últimos momentos, para después pasar a ser la principal promotora de su legado junto con su hijo Dhani.

That’s the way it goes

El álbum Gone troppo de 1982 es uno de varios valorados muy pobremente en los anales del rock. Sin embargo, contiene piezas memorables que requieren una segunda oportunidad. Tal es el caso de esta canción que nos muestra a un George Harrison sumamente filosófico e introspectivo. La letra es sencilla, pero comunica de manera muy contundente profundas reflexiones en medio de una atmósfera alegre, aunque repetitiva en estructura. De naturaleza igualmente filosófica, pero con tintes más espirituales y a la vez más festiva, figura también en este disco Wake up my love.

That’s the way it goes es una de las canciones en que George da rienda suelta al slide, una de sus técnicas predilectas de ejecución de la guitarra, que consiste en deslizar un tubo de metal o cristal sobre las cuerdas para obtener un sonido de vaivén con el que se pueden obtener grandes solos.

Any road

En 1997, en un directo de la cadena VH1, George Harrison se presentó con una guitarra acústica junto a su mentor, el músico indio Ravi Shankar, e improvisadamente interpretó una pieza cuya letra hacía alusión a toda una vida de andanzas, con su respectivo momento para caer en cuenta de que, tarde o temprano, hay que dotar a la existencia de un sentido trascendental para apreciarla mejor. «If you don’t know where you’re going, any road’ll take you there (Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te ha de llevar allá)», versaba esa pieza que por años quedó en el olvido.

En noviembre de 2002, a un año de su fallecimiento, descubrimos que, con la producción del genial Jeff Lynne, se grabó esta canción en una maravillosa versión cuyo instrumento base es el ukulele y se acompaña de unos solos de guitarra marca Harrison con una maestría inusitada.

Asimismo, la canción se hace acompañar de un maravilloso video musical que constituye el testamento de George y la celebración de su vida multicolor en que fue cuanto quiso: guitarrista, citarista, compositor, cantante, productor de cine, actor, guía espiritual, corredor de autos, y ante todo, según refieren quienes lo trataron fuera de la esfera pública, un gran ser humano.

Que viva para siempre George Harrison, en toda la magnificencia de su luminosa eternidad.

Sigue a Miguel Martín Felipe Valencia en:
Twitter: @miguelmartinfe
YouTube: Al Aire con Miguel Martín
Facebook: Miguel Martín Felipe Valencia

Enlace a la fuente