Opinión: El festejo del pueblo

Por Miguel Martín Felipe

RegeneraciónMx-. La conmemoración de la independencia de México que se ha vivido este año trae consigo componentes muy particulares. Al parecer, el tener definida la carrera presidencial con miras al 2024 ha sido factor determinante para el clima que se vive actualmente.

Previo a la designación que Claudia Sheinbaum se alzara como vencedora en el proceso interno de Morena, se percibía un ambiente se zozobra y de crispación, al cual abonó aún más la sub campaña de Marcelo Ebrard para a toda costa invalidar el proceso y demostrar, según él, que bajo condiciones de “igualdad”, él debió haber sido el lógico ganador. A día de hoy esa intentona perdió fuerza y ha cedido gracias a su insostenible premisa inicial.

Sin embargo, el desplante de Marcelo llegó a tener bastante eco en los medios corporativos, los cuales, con este y otros escándalos, intentaron en todo momento minimizar o incluso restar legitimidad al proceso para así seguir alimentando la artificial candidatura de Xóchitl Gálvez, quien sigue confiando en la sonrisa fácil y la broma de mal gusto como principales razones para que el electorado se olvide mágicamente de sus escándalos de corrupción y su evidente incapacidad para la administración pública sin importar la escala.

El 7 de septiembre, al siguiente día de que Claudia Sheinbaum se convirtiera en candidata y el resto de los aspirantes (excepto Marcelo) le manifestaran su apoyo dentro del mismo acto, recibió por la noche, de manos del presidente AMLO, el bastón de mando de los pueblos originarios que él había recibido el 1 de diciembre de 2018, como un acto simbólico a través del cual depositaba en ella toda su confianza para continuar con la Cuarta Transformación.

Dicho acto, que no tuvo carácter de oficial, fue igualmente atestiguado por las otrora ‘corcholatas’ en un restaurante a espaldas del Templo Mayor, en la tarde noche. Ya desde ese momento se abarrotaron algunas calles del Centro Histórico por parte de cientos de personas que espontáneamente salieron a las calles para ver por sí mismos aquella entrega.

Habiendo entonces superado el clima de incertidumbre y con el rumbo claro hacia la elección venidera, el ánimo del país se vino arriba para celebrar las primeras fiestas patrias desde que se decretó el fin de la emergencia sanitaria, ya que el año pasado, si bien se realizó la ceremonia, aún había algunas ciertas restricciones de aforo para evitar potenciales propagaciones, así como el uso discrecional del cubrebocas como medida preventiva.

Recuerdo que incluso, durante el grito de independencia de 2020, que se llevó a cabo con el Zócalo vacío debido a la pandemia, la oposición intransigente y sus voceros no desaprovecharon la oportunidad para absurdamente afirmar que la gente había dejado solo a AMLO, mientras que otros aducían que reafirmaba su egolatría teniendo la plaza y el palacio para él solo. Ahora vemos que esas solo eran elucubraciones que venían directo de la víscera y sin escala en el cerebro, que, ante lo vivido este año, pierden toda significación.

Se suscitó, este 15 de septiembre de 2023, una celebración pletórica en el zócalo de la Ciudad de México, que fue replicada a escala estatal y municipal alrededor de todo el país. Esto es posible gracias a que el viraje en la forma de gobierno ha otorgado unos resultados que tienen contenta a una amplia mayoría de mexicanos, toda vez que más de cinco millones de personas han abandonado la condición de pobreza extrema.

Más jóvenes estudian de manera gratuita y con un enfoque comunitario en sus carreras, como es el caso de la Universidad Benito Juárez, que actualmente tiene una matrícula de más de 60 mil jóvenes, mientras que son ya casi 20 mil en el Instituto Rosario Castellanos. Igualmente se avizora un cambio de mentalidad y toma de consciencia social y política desde los primeros años gracias a los nuevos libros de texto gratuitos provistos por la SEP, así como la reestructuración en los planes de estudio. Si bien las protestas contra esto fueron escandalosas e invasivas, la realidad es que no hay marcha atrás y los niños han recibido muy bien sus nuevos libros.

La noción de mexicanidad y nacionalismo había sido construida, hasta antes de este sexenio, a partir de montajes televisivos diseñados para enaltecer el sentimiento patriótico a partir de conceptos como las visitas de Juan Pablo II, el culto a la Virgen de Guadalupe, la participación de la selección nacional en los mundiales de fútbol y otros torneos, así como las celebraciones de independencia con galas televisivas. Los medios corporativos mostraban una imagen del país que solo contemplaba tangencialmente la importancia de los pueblos originarios y en gran medida se desentendía de nuestro pasado prehispánico.

Para este 2023, la enorme cantidad de personas politizadas y conscientes de su devenir histórico, hace que la celebración de independencia tenga un sabor distinto, pues ya no es un mero acto en automático, sino que ahora se siente ese nacionalismo orgulloso y boyante gracias a que el régimen en que vivimos así lo ha propiciado.

Los medios corporativos, para enaltecer la campaña de Xóchitl Gálvez, no paran de hablar sobre un México en llamas, sangrante, destruido y demás calificativos que resultan irrisorios. Hubiese bastado, para todos aquellos panistas que usurpan el nombre de México con fines politiqueros, que salieran de los restaurantes o departamentos de lujo a caminar por las calles de ese “México en llamas” para que fueran abucheados, pero también, en tono jocoso y festivo, bañados de espuma y de confeti.

Ese era el gran peligro que corrían si sacaban a pasear su odio y se rozaban con todos aquellos a quienes tratan de convencer de que su candidata va a remediar todos esos males que en realidad no existen. En medio de tanto jolgorio, nadie recordó las falsas lágrimas nacionalistas de Santiago Creel, que, a día de hoy, no provocan más que pena ajena, pues los verdaderos patriotas no están en las curules de partidos mojigatos y corruptos, sino trabajando a brazo partido para darse un merecido festejo con ánimos renovados.

¡Viva el pueblo politizado, humano, empático y valiente! ¡Viva la Cuarta Transformación! ¡Viva México!

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