Esta es la historia de unos terrenos malditos en un pueblo mexicano, en la que un padre murió traicionado por dos personas ambiciosas.

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Esta es la historia de unos terrenos malditos en un pueblo mexicano, en la que un padre murió traicionado por dos personas ambiciosas. ¿Será el alma del padre o de los traidores la que deambula?

Por Orlando Montane Pineda

RegeneraciónMx, 4 de agosto de 2022.- Hola amigos de RegeneraciónMX. Les tengo otra aterradora historia de mi amiga duranguense Anais Veloz, escritora de Historias macabras para no dormir.

Terrenos malditos

Por Anais Veloz

Aún no podía creer cómo el padre Francisco había sido capaz de quitarle sus tierras a don Benito, y es que para serte sincera jamás pensé que doña Martha se confabulara con el cura, que tantos años creí era un santo.

Te explicaré exactamente cómo pasaron las cosas. Mi madre siempre fue muy religiosa y por ende yo también, así que acostumbrábamos ir a misa de siete con faldas o vestidos largos y cubiertas de la cabeza con velo negro. Una mujer que no asistía a la iglesia era mal vista por los pobladores, ya que las únicas que no iban eran las prostitutas, las brujas o las que deshonraron a su familia teniendo hijos fuera del matrimonio.

El padre Francisco llegó al pueblo cuando yo era una niña. Fue muy bien recibido por el pueblo y todo marchaba viento en popa, hasta que un día cegado por la avaricia comenzó a tener ciertos pensamientos que nada tenían que ver con lo que profesaba. La gente comenzó a venir de otros pueblos para escuchar misa, llegó al punto que ofrecía la misa en la plaza del pueblo debido a que la iglesia era un tanto pequeña y no estaba en buenas condiciones.

Martha, una de sus más fieles seguidoras y encargada de limpiar la casa cural, se acercó hacía el padre, que estaba en su escritorio, y comenzó a decirle:

—Padre Francisco, ¿no cree que ya va siendo hora de que construyamos una nueva iglesia?

—¡Ay hija! ¿Con qué dinero si esto a penas nos alcanza para el diario? Respondió el padre Francisco mientras escondía los billetes bajo sus ropas.

—Pues, padrecito, pidámosle a los del pueblo. La mayoría tienen hijos en el otro lado y todos son muy devotos. Yo me puedo encargar de pedirles la cooperación.

—¿Y el terreno, hija? No pienses que será fácil conseguirlo y mucho menos barato.

—Ese no es problema, padrecito. Don Benito ya está muy viejo y él muy sonso nunca tuvo familia. Se fue al otro lado dizque para juntar para casarse con Margarita y ella no lo esperó, se casó mientras Benito andaba fuera. Por eso dedicó sólo trabajar y se hizo de muchas tierras. No es que yo sea abusona, padrecito, pero deberíamos ir a hablar con él, ya es muy viejo y ni hijos tiene. Dígame usted a quién le va a dejar todo lo que tiene, debería de hacer una obra de caridad. Usted nunca lo ha hecho menos.

—No hija, claro que no. Benito es muy querido por todos aquí.

—¡Ah ya ve, padrecito! Pues que done las tierras. A lo mejor hasta yo vengo alcanzado un pedacito, es que con tanto hijo que tuve nos faltó terreno para repartir.

—Verás que sí hija, solo te tienes que encargarte de que Benito acepte.

La visita

Al día siguiente, muy temprano, Martha fue a visitar a don Benito, y éste, al verla, se sorprendió bastante pues a pesar de conocerse de toda la vida, Martha rara vez le dirigía la palabra.

Ella le dijo que el padre Francisco le pedía de favor que le hiciera una donación a la iglesia de dos hectáreas para construir una iglesia más grande. Pero, Benito le dijo que era demasiado terreno para una iglesia y ella se defendió diciendo que no podía creer que se le pesara aportar para la casa del Señor.

—Lo siento Martha, me apena no poder ayudarlos esta vez.

—Viejo egoísta, tú tienes muchas tierras y se te hace dolor regalarnos un pedazo.

—No es eso Martha, lo que pasa es que todas mis propiedades las puse a nombre de mi sobrino Juan.

¡Demonios! Cómo era posible que se le hubiera olvidado que existía Juan, pensaba mientras salía de la casa de Benito sin despedirse.

Al llegar nuevamente con el padre, Martha le dio las malas noticias. Él se puso furioso y juró que se vengaría de Benito, y ella lo miró un poco asustada pues ese día pudo ver la verdadera maldad en sus ojos.

Las campanas sonaban avisando que la misa de seis estaba por comenzar y, nuevamente, el pueblo acudió al llamado. Pero al terminar la misa, el padre Francisco acusó a Benito de practicar brujería y ante Dios juró haberlo visto transformarse en un perro. Los pobladores enardecidos comenzaron a golpearlo y apedrearlo hasta la muerte.

El padre Francisco, asustado ante tal acto, pidió que lo sepultaran en sus tierras y dijo que para quitar ese mal del pueblo construiría en las tierras de Benito la nueva iglesia, ya que según él las tierras estaban cargadas de negatividad por las prácticas de Benito.

Casi de inmediato comenzaron la construcción, pues temían que llegara el sobrino del desafortunado Benito. Pero, realmente las desgracias empezaron a ocurrir durante la construcción, ya que en la primera semana murieron cuatro de los trabajadores en accidentes bastante inusuales. Así que los pobladores temerosos decidieron hablar con el padre y decirle que estaban dispuestos a cooperar con un poco más de dinero para que trajeran trabajadores de fuera.

Sin embargo, esto de poco o nada sirvió pues los accidentes no dejaban de ocurrir y las personas que vivían a los alrededores decían escuchar lamentos por la noche. En consecuencia, por falta de personal para trabajar, la obra se retrasó bastante.

La obra maldita

Cierto día, Martha tuvo que viajar a la capital para visitar a un médico pues estaba al borde de la locura, salía a las calles gritando que Benito la atormentaba y ya le era imposible dormir o probar bocado alguno.

El padre Francisco, cansado de que su iglesia estuviera inconclusa, decidió seguir con la construcción por su propia mano. Lamentable, una de las columnas colapsó repentinamente provocándole la muerte. El padre estuvo sepultado bajo los escombros por poco más de cuatro días y los pobladores optaron por no seguir con esa,obra.

Así pasaron los meses y los años hasta que Juan apareció para reclamar las tierras que Benito le había heredado tiempo atrás, pero él no venía solo, sino que estaba acompañado por quienes serían los nuevos compradores.

Después de ver las tierras y darse cuenta de que los pobladores los miraban con desaprobación éstos decidieron seguir con la construcción de la iglesia, pero a ellos no les fue mejor. Mandaron a hacer enormes y hermosas figuras de santos que hacían que el lugar pareciera menos tétrico y, como ya habían llegado la mayoría de las cosas con la que sería equipada buscaron un vigilante que cuidara por las noches. La paga era bastante buena, pero nadie aceptaba.

Ellos, un poco molestos, fueron por unas bolsas de dormir pues serían los dueños los que se tendrían que quedarse ahí. Pero, cerca de la media noche unos lamentos comenzaron a escucharse y los futuros dueños se levantaron a toda prisa solamente para darse cuenta de que el sitio estaba totalmente vacío. Regresaron a dormir cuando uno de ellos comenzó a gritar.

—¡Pero qué demonios es eso!, dijo bastante perturbado.

Al voltear. el otro joven que lo acompañaba cayó desmayado de inmediato, pues una de las imágenes de la virgen se había bajado del enorme pilar en la que había sido colocada y deambulaba por la iglesia como si tuviera vida.

—¡Pero Dios mío, qué es lo que está pasando!, gritaba hacía sus adentros.

Intentaba despertar desesperadamente a su amigo, pero sus esfuerzos eran inútiles. En ese momento comenzó a jalarlo para llevarlo afuera, hasta que empezaron a escucharse unos pasos.

Alzó la mira y pudo ver claramente cómo el cura se hincaba frente al altar, como si se preparase para dar misa mientras el Cristo que estaba enfrente reía a carcajadas burlándose de aquel padre.

Fueron tantos los gritos de aquellos jóvenes que gran parte del pueblo estaba a las afueras de aquel maldito lugar. Como pudo sacó a rastras a su compañero y de ese modo algunos pobladores le dieron auxilio.

Les contó lo sucedido temiendo que lo juzgaran a loco, pero la sorpresa nuevamente se la llevaron los desafortunados compradores, pues después de saber la manera en la que se le fueron arrebatadas sus tierras a Benito comenzaron a entender lo que sucedía.

Ellos jamás volvieron por ese lugar y hasta la fecha la obra sigue inconclusa, muchos foráneos han intentado quedarse con el lugar, pero siempre terminan huyendo. No sabemos a ciencia cierta si el alma de Benito es quién tiene maldito ese lugar, o el alma del cura que paga penitencia por tu terrible crimen.

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